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Relato: 1ª Antología Solidaria

¡Hola amores!
Hoy os traigo una entrada diferente, como podéis ver no es ninguna reseña. Os pregunté por IG Stories y para mi sorpresa, a algunxs de vosotrxs os gustaría leer mi relato (¡Gracias!). ¿No sabes de lo que hablo? Pues hace unos meses, escribí un relato para el concurso "Relatos del Paraíso: 1ª Antología Solidaria". Mi relato no ganó, pero fue seleccionado para publicarse en el libro. Debajo os cuento más cosas sobre él! Por el momento os dejo con lo que escribí:
La segunda vez que me perdí
Estaba anocheciendo cuando llegué a casa. Después de quitarme el abrigo, me recogí el pelo y fui hacia la habitación de mi hermano. Yo llevaba todo el día sin pasar por casa, y él seguramente estaría haciendo sus deberes para la universidad, que últimamente le traía loco. En realidad, siempre andaba como loco. Pasaba horas encerrado en su cuarto, había creado su paraíso de libros perdidos; pues todo el cubículo estaba inundado de libros abiertos, marcados, con hojas dobladas, apuntes a bolígrafo… Veía películas conmigo y con papá todos los viernes, pues era nuestro ritual. Mamá nos hizo cogerle un extraño apego a esa costumbre y ahora que no estaba… realmente ninguno de nosotros sabía si seguía teniendo mucho sentido, pero ahí estábamos cada semana, juntos para nuestra cita familiar.
Por la ventana de la habitación entraban unos débiles rayos de luz, procedentes del atardecer que quedaba frente a mí. No me sobresaltó el desorden, pero sí el hecho de que el cuarto estuviera vacío. En el escritorio había bolígrafos, hojas amontonadas y arrugadas que no me parecieron extrañas. Me desconcertó el hecho de vislumbrar un solo sobre, perfectamente liso y colocado encima de la cama. Sin pensarlo, lo cogí y me dispuse a leerlo. Me paré un segundo, pensando que podría ser algún escrito personal y que por lo tanto no era de mi incumbencia.
Las manos me temblaban cuando me dispuse a abrirlo. Había anochecido por completo y tuve que encender la lamparita de noche, entonces toda la habitación tomó un aspecto más frío del que me habría gustado advertir.
Lo desdoblé con cuidado.

Lo siento.
Lo siento, porque no encuentro otra manera de empezar esto. O de terminarlo.
Tengo tantas cosas por las que pedir perdón… no quisiera hacer de esto una larga lista sobre mis pecados y arrepentimientos. Ahora que lees esto, debes estar tranquila. Te hablo a ti, hermanita, porque sé que papá no llegará hasta las once y tú pasarás a echarme un ojo al llegar a casa, para comprobar que no se me han salido los ojos de las órbitas delante del ordenador. Vale, no entres en pánico.
Lo siento, hermanita, esto es una despedida. Sabes que detrás de cada despedida hay una historia, algo que contar. Sé bien por las películas que vemos los viernes con papá, que a ti te gusta indagar sobre todo lo que pasa. Recuerdo que una noche, incluso me dijiste cómo podías notar la tristeza en los ojos de una actriz, y yo me quedé ahí, sin saber qué decir, porque siempre me dejas sin palabras.
Todavía no he podido aprender a superar lo que pasó el verano pasado. Aunque ya sea invierno, y lleve la sudadera que mamá me robaba a veces, todavía siento el calor de aquel día. Todos los días mi mente vuelve al julio en que perdí la vida. No dejo de pensar en mamá, en el sofá mientras tú estabas en la habitación. Aquellos hombres acabaron con ella, y tú luchabas por zafarte de aquel par de monstruos indeseables que irrumpieron en casa aquella noche. Papá todavía trabajaba pero yo… yo llegué tarde. Como siempre llego tarde a todo, llegué tarde a entregar los papeles de la universidad, a pagar los plazos del coche, a hacer las tareas, llegué tarde a salvaros.
Llegué tarde porque el calor me abrasaba por dentro. Llegué tarde porque las lágrimas me inundaban las mejillas, el cuerpo me temblaba y de mi boca no salían más que gritos e insultos obscenos. No puedo dejar de pensar en eso, ¿sabes? Te juro que todas las noches antes de cerrar los ojos, lo último que veo es la imagen de mamá, nuestro ángel protector yaciendo en el sofá, inerte, con el aura intacta. Y luego estás tú. Aunque aprendas a vivir con ello, tu recuerdo me persigue, me persigue la culpa por descuidarme, por no reaccionar antes, por no poder salvarte de aquellos sucios cerdos que ensuciaban tu cuerpo como nadie debería hacerlo nunca. No podré sacar nunca de mi cabeza esa expresión de terror que vi en tus ojos. Como tú viste lo que transmitían los ojos de aquella actriz, yo vi tu mirada, y sigo viéndola a día de hoy.
Sé que ahora eres toda una mujer, que nunca dejaste que nada te parase, que tus sueños eran siempre más grandes que tus pesadillas. Una vez me dijiste que era por mí. Recuerdo que dormiste en mi cama, hecha un ovillo y acurrucada a un viejo jersey de mamá, me dijiste que yo te había salvado pese a todo. No oíste mis sollozos, por suerte no mojé tu dulce cabello, pero en ese momento me di cuenta de que yo jamás podría creer eso. Solo tú te habías salvado, fuiste una montaña y apagaste ese incendio que te quemó, llenaste tus árboles de oxígeno y saliste al mundo en busca de un rayo de sol y brisa fresca. Léeme, no quiero que dejes de ser eso.
Te quiero. Como no he querido nunca a nadie, pues eres mi hermana y todas las mujeres del mundo son poco cuando las pongo a tu lado. No me he molestado en encontrar el amor. Lo tenía todo, y de repente se marchó. Aunque reafirmarás lo vago que soy, no me he molestado en buscarlo de nuevo. No he querido buscar mi felicidad, no he podido aprender a sobrevivir cuando me falta la mitad del corazón, no sé hacerlo si no estoy completo, y hermanita, siento decirte que no lo estoy.
Sé que me echarás de menos, y es una tontería decirte que no lo hagas cuando yo te echo de menos siempre, cuando vuelves a casa de noche, cuando sales sola y te obligo a llamarme para saber que estás bien… piensas que soy un pesado. Ya eres libre ahora, puedo estar tranquilo porque no me necesitas, tú misma has cultivado la manera de ser fuerte y hacer frente a todo lo que te pase. Mi pequeña, te tuve en brazos cuando naciste. Mamá quedó exhausta tras el parto y necesitó atención. El pobre de nuestro padre entra en pánico cuando pisa un hospital, ya le conoces. Cuando cogiste mi dedo me prometí que no dejaría nunca que nada malo te pasase. No he podido cumplir con la única promesa que me he hecho en toda mi existencia. No he podido, ni siquiera, mantenerte a salvo de la vida, como buen hermano mayor.
Haz las cosas que te hagan feliz. Sigue creciendo, como tú sabes hacerlo. Como yo no he podido. No llores por mí, déjame conservar la esperanza de que te dejo en buenas manos, porque no hay mejores manos para cuidarte que las tuyas, mi hermana, esas que se aferraron a mí el primer día de tu vida.

Recuerdo haber estado sentada allí durante horas. Me parece que volvía a anochecer cuando abrí los ojos. Pero el anochecer no me traía rayos anaranjados, ni amarillentos como la tarde anterior. Esta vez todo lo veía negro.
Tenía que afrontarme al mundo de nuevo, y esta vez no sabía cómo afrontarlo sola.

Hasta aquí llega el relato, espero que os haya gustado y sabéis de sobras que me podéis dejar cualquier comentario o lo que sea con vuestra opinión (me haría mucha ilusión).
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¡Un besazo!

Comentarios

  1. Muy bonito!! Emotivo, tierno, bien escrito.

    Besitos 💋💋💋

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  2. Te ha quedado muy redondo. Es bonito, delicado y con personalidad. Te animamos a que sigas escribiendo :D

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  3. ¡Qué intenso! Me gusta mucho, de corazón! Sigue escribiendo y compartiéndolo, porque es un gustazo 💗

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  4. ¡Hola, mi niña! El otro día vi en los stories de instagram que ibas a publicar el relato y me alegré muchísimo. Pero nunca pensé que fuera sobre estos dos... jeje. Decir que me encanta es poco. Escribes muy bonito, eso creo que lo sabes, así que no dejes nunca de escribir. De nuevo... me encanta, me encanta, me encanta. Besitos.

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  5. Hola bonita,
    Escribiste un relato muy bonito, espero sigas escribiendo, quién quita y en el futuro yo reseñe un libro tuyo.
    ¡Un beso!

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